jueves, 9 de octubre de 2008

Sol y Letras

Entró Santiago conversando con su gran amigo Javier, comentando sobre el espectáculo que presenciarían en una hora más, estaban muy felices y tranquilos.
-Hoy día se presentará Valdés como director y Urrutia como solista en piano, va a estar buenísimo –Comenta Santiago. - Oye Julían, ¿Quieres venir con nosotros al Teatro Municipal?
Julián, que observaba sus apuntes literarios, levantó una mirada temerosa, nerviosa e irritada y respondió con un tajante no. Santiago se impresionó y se enojó, algo raro en su actitud y personalidad.
- ¿Cuál es tu problema?, siempre te invito a salir con ganas de pasarlo bien contigo, y tu siempre me respondes con asco.
- Es porque tú siempre gastas el dinero que no tenemos, yo siempre termino endeudado por culpa de tus caprichos… Además me recuerdas a papá.
- Ya perfecto, no vayas entonces, tú te lo pierdes- Santiago le pide amablemente a Javier que se vaya y luego camina a su habitación, dejando una estela de odio y confusión que siempre se origina con las peleas de los hermanos Webster Correa y que culmina con un portazo que estremece las endebles y tímidas murallas de la casa de un piso.
Para tranquilizarse un momento, en su cuarto, Santiago comienza a tocar el piano, instrumento que domina desde hace 20 años y que expone en sus clases en el instituto Pro-Jazz. Al otro lado de la casa, Julián escucha a su hermano, siente su odio nacido dentro de la fuente de la alegría y simpatía que emanaba del pianista. Ése sentimiento, totalmente distinto de la personalidad de Santiago, infunde en Julián una incierta alegría, ya que él siempre desarrolló una personalidad oscura a base del odio, el ser introvertido, huraño, antisocial y distinto a su hermano; se siente identificado, se asimilan. Éste odio mueve las letras y el bolígrafo, se despierta la inspiración.
Comienza a escribir. La melancolía que le infunde la Sonata Claro de Luna le ordena escribir algo sumamente familiar:
“-Papá… Papá… ¿Me escuchas?… Por favor… Te quiero… Pero… Por favor…
Su corazón se ahoga, su mente se bloquea, el impacto produce el desmayo, ya la música fraternal dejará de ser tocada. Él lo amaba. Siempre le enseñó, le entregó cariño, lo cuidó, le mostró su música… Pero el recuerdo le produjo tanta melancolía, que ahora, 10 años después, escribe un libro y conversa con su hermano, que heredó la musicalidad de su padre en la forma de ser y de vivir. En este ataque de melancolía, se frustra… Su hermano le habla, pero él no escucha. Hablaban de su Padre, de su Madre, de la hermandad distorsionada que trataban de estabilizar, de las peleas que protagonizaban en la historia de los Webster Correa… Pero no se acuerda… El temor, el odio, la ira, el horror, la nostalgia, la melancolía, la tristeza, la turbulencia, el nerviosismo, la duda, el bien, el mal y la música transforman su mente, toma la pistola del primer cajón de su escritorio y se dispara frente a su hermano.”
Julián se maravilló, le surgió una alegría totalmente desconocida para él y fue corriendo para contarle a su hermano de su inesperada visión. Hace mucho tiempo que trabajaba su libro, pero ahora que dictó las últimas frases, podría hacer que la gente sintiera lo mismo que él cuando escuchaba el virtuosismo de Santiago, una alegría seguida de una inspiración excepcional, que la música escribe ahora con el lápiz y el papel.
Iba a tocar la puerta del cuarto de su hermano, cuando se le adelantó otro toque, un sonido fuerte, amenazador. Julián se estremece, la alegría se oculta tras su alma y abre la puerta principal de la casa. La luz entra como una alfombra que es pisada por el fiscal, quien venía a estremecer de nuevo la asustada arquitectura contemporánea del hogar de los Webster Correa. Habló con una naturalidad diabólica: -Señor Julián Webster, se le ha terminado el plazo para completar el pago del crédito de su casa, lleva muchos meses sin finalizar la última cuota. Si no paga el resto en una semana, se va de aquí.
Mientras hablaba, Santiago salió de su pieza y escuchó atentamente. Julián sintió una flecha enterrada en su alma y la ira le empezó a carcomer el corazón.
- Bueno Santiago, así es como vivo de tus caprichos, tengo que saludar a los gastos de los conciertos, tus fiestas, tus inversiones musicales, tu alegría…
- Julían –interviene airadamente Santiago-. Yo simplemente quiero que seas más abierto a los demás y a la música, pero como no me haces caso, te has ganado el rechazo de la sociedad, y por culpa de refugiarte en la literatura de nuestra madre, te escapas de la verdad, deberías recibir a nuestro difunto padre y contagiarte de su música a través de mí, deja a un lado tus preocupaciones y tu literatura y siente la alegría y la música.
-El ver a mi papá enloquecer, me cambió la vida. Le tengo miedo a la locura, por eso sigo a mi madre, que murió en cordura. Quiero seguir así, quiero seguir cuerdo, quiero seguir cuerdo, quiero…- En un ataque de ira, se frustra, deja de escuchar a su hermano, pierde el sentido, la conciencia, la locura se apodera de su alma ahora; el rechazo, el dinero, la soledad, la sociedad, el desahogo, la impotencia, la crisis, la reacción, la verdad, la obsesión y la literatura transforman su mente, toma la pistola del primer cajón de su escritorio y se dispara frente a su hermano y al cobrador…
* * * "Si la llave de sol hubiera ordenado las partituras, el papel, las letras y la inspiración, el camino se habría iluminado y las almas despejadas".
Santiago se entristeció, le surgió una melancolía totalmente desconocida para él, dejó el escritorio de su hermano, su casa recuperada y fue a su concierto, donde Urrutia fue el director y no hubo solista en piano.

Samuel Baquedano.

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