sábado, 24 de enero de 2009

Octaedro

Parecía un hombre bastante normal, que parecía llevar una vida simple, siempre consagrada a su trabajo, a su familia, a la escritura y a la música. Vivía con muchas comodidades, en un hogar acogedor, sin muchas deudas, sin problemas aparentemente. Pero mucha gente que lo llegaba a conocer sentía algo extraño, como si él no sólo fuera un hombre normal, sino varios hombres normales, como si aparentara ser una persona, siendo en realidad la mezcla de varias personalidades, todas distintas y, como mucha gente decía, contradictorias y hostiles entre sí. Como si varias ideologías vivieran dentro de sí y existiera un perpetuo debate de decisiones, acuerdos, desacuerdos, conflictos, conspiraciones y tragedias. Esto se puede comprobar porque mucha gente que lo ha conocido lo ha visto de distintas maneras, unos lo conocen alegre, otros depresivo, otros colérico, otros soñador, otros irónico, otros bohemio, otros trabajador y otros inspirado. Al parecer, eran 8 sus caras, sus formas más características de fluir entre la gente, 8 formas de vivir y de, quizás, sufrir. Pudo haber sido así, o quizás la gente lo trasformaba, lo trastornaba, o simplemente no sabían hablar con él, o cómo conocer gente. Pero el rumor siempre influye en los demás, por lo que el llamado “Octaedro” (Sobrenombre bien extraño y feo para una persona aparentemente normal) era conocido por su multifacético modo de vivir. Ocho rostros, ocho vidas, ocho secretos, ocho ideologías, ocho prácticas, ocho seres. Algunos decían que el demonio, o varios, lo poseían. Pero él jamás demostró signos de desequilibrio, al parecer estos ocho rostros en realidad formaban un perfecto cuerpo geométrico que, aunque cada cara miraba para un lado distinto, se mantenían unidas para conformar una sola figura. Pero había algo extraño, una sensación abstracta que dejaba perplejos a los conocidos, ¿Sería su alma acaso?, ¿El color del Octaedro era despreciable a la vista?, ¿O era atractivo su interior fosilizado?, Quizás esa sensación sería una novena cara, que terminaría por desequilibrar y destruir la conexión concretada en la figura del Octaedro.

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