sábado, 31 de enero de 2009

Cruzada

Junto a la hoguera de la noche,
Veo construir un viaje sordo.
Las palabras son de piel fría.
De olvido y de melancolía.
Recuerdos de un fin feliz,
Amargan la paz.
Quizás ya no hay libertad,
Por vivir en sueños.
Miedo y desesperación,
Temor, nostalgia y pasión.
Moran entre los dos.
Ayúdanos por favor.
Hay que escapar del hogar,
Y del río natal.
Velar por nuestros sueños,
Manchados con carbón.
Vivir lejos del pasado,
Buscar un porvenir.
Ver más allá del poseer,
Ver más allá del contener.
Viajar, caminar.
Rezar, proclamar.
Soñar.
Buscar en ti, encontrar.
La verdad detrás.
Sonreír, resistir.
Proteger, luchar.


Las estrellas retienen mi dolor,
Nos consuelan con la melodía de la noche.
¿Por qué decidí dejar mi hogar?
Ahora sólo nos queda por él luchar.
Hay que buscar la nueva tierra.
Nueva vida que nos de seguridad.
Lucharemos por la sabiduría y por la paz.
Brindaremos la victoria a nuestra libertad.

En este viaje la realidad cambiará.
Cruzada que nos hallará la respuesta.
Dudas que se aclararán con el mar.
Cruzada que nos dará la verdad.
Toma mi mano y caminaremos.
Por la senda destinada para ti.
Lucharemos juntos en la batalla.
En la cruzada por la libertad.

La brisa trae,
Un nuevo sentimiento,
Un nuevo mandamiento,
Para vivir.
Déjate llevar.
Por lo natural.
Por el azar.
Por la libertad.
Eres libre de controlar.
De vivir y de jugar.
Ahora busca en las hojas.
Para encontrar tu hogar.
En la cima podrás estar.
Sólo busca la fuerza,
En los que te rodean.
En los que te atacarán.

jueves, 29 de enero de 2009

Musica?

No podía parar, su mente era como un torbellino que devoraba, que consumía, que retenía y revolvía todo tipo de emociones, ya estaba acostumbrado, pero aún no sabía por qué le ocurría. Últimamente no había estado tan activo, se sentía mal porque no creaba, porque no veía la luz en su mente. Cuando escuchaba su música, se cerraba en sus pensamientos: “¿Por qué me siento así?, no he podido trabajar conforme en estos últimos días, casi todo lo que he creado no me ha dejado conforme, aunque ahora que lo pienso, no ha sido del todo un fracaso, esas melodías podrían mejorarse, sí, podría cambiar el tono y quizás mejore. Podría agregarle otra guitarra más para poder complementar, o quizás un piano le daría más emoción. Sí, un piano estaría bien, podría acompañar y a la vez guiar, sí, como éste, podría también agregarle un ritmo pegajoso, para darle un énfasis alegre a la canción, sí, eso es.” Y así era que avanzaba. La música que escuchaba le permitía activar su imaginación, pareciera como si las vibraciones golpearan en su mente, despertando y tratando de rejuvenecer temporalmente al infinito. “Sí, eso es, un acompañamiento de violines, luego un pequeño punteo, un dueto de teclado y de bajo, cambio de ritmo, ¡perfecto!”. Pero cuando dejaba de lado su reproductor de música empezaba a decaer. Se sentía apagado, sentía soledad, confusión; pensaba que todo lo que había hecho no tendría futuro, o quizás aburriría a los demás. Él vivía de la música, él la necesitaba siempre que quería realizar cosas, siempre que quería crear, porque le permitía abrirse, conectarse con una corriente que no paraba, que lo sostenía, le daba ánimos e ideas. Ahora él se había dado cuenta. La música estaba con él ahora, acompañándolo y dándole ideas y nuevas melodías. “Sí, creo que con eso está bien, no parece haber ningún error con la composición, la escritura parece limpia. Tiene mucho sentido lo de la música, sí. Es larga esta canción, pero es muy buena, sus ritmos, sus cambios, su progresividad son muy atractivos. Ojalá lo sea también este escrito mío, sobre algo más que música, torbellinos, pensamientos y perfección”.

sábado, 24 de enero de 2009

Octaedro

Parecía un hombre bastante normal, que parecía llevar una vida simple, siempre consagrada a su trabajo, a su familia, a la escritura y a la música. Vivía con muchas comodidades, en un hogar acogedor, sin muchas deudas, sin problemas aparentemente. Pero mucha gente que lo llegaba a conocer sentía algo extraño, como si él no sólo fuera un hombre normal, sino varios hombres normales, como si aparentara ser una persona, siendo en realidad la mezcla de varias personalidades, todas distintas y, como mucha gente decía, contradictorias y hostiles entre sí. Como si varias ideologías vivieran dentro de sí y existiera un perpetuo debate de decisiones, acuerdos, desacuerdos, conflictos, conspiraciones y tragedias. Esto se puede comprobar porque mucha gente que lo ha conocido lo ha visto de distintas maneras, unos lo conocen alegre, otros depresivo, otros colérico, otros soñador, otros irónico, otros bohemio, otros trabajador y otros inspirado. Al parecer, eran 8 sus caras, sus formas más características de fluir entre la gente, 8 formas de vivir y de, quizás, sufrir. Pudo haber sido así, o quizás la gente lo trasformaba, lo trastornaba, o simplemente no sabían hablar con él, o cómo conocer gente. Pero el rumor siempre influye en los demás, por lo que el llamado “Octaedro” (Sobrenombre bien extraño y feo para una persona aparentemente normal) era conocido por su multifacético modo de vivir. Ocho rostros, ocho vidas, ocho secretos, ocho ideologías, ocho prácticas, ocho seres. Algunos decían que el demonio, o varios, lo poseían. Pero él jamás demostró signos de desequilibrio, al parecer estos ocho rostros en realidad formaban un perfecto cuerpo geométrico que, aunque cada cara miraba para un lado distinto, se mantenían unidas para conformar una sola figura. Pero había algo extraño, una sensación abstracta que dejaba perplejos a los conocidos, ¿Sería su alma acaso?, ¿El color del Octaedro era despreciable a la vista?, ¿O era atractivo su interior fosilizado?, Quizás esa sensación sería una novena cara, que terminaría por desequilibrar y destruir la conexión concretada en la figura del Octaedro.

Monólogo en el Lago

Ahora que miro el lago digo y digo cosas, me doy el gusto de pensar, sé que se va a enojar si lo hago, pero no me importa, al fin y al cabo, es algo que nadie puede controlar. ¿Por qué será que aquí, precisamente aquí, me doy el gusto de pensar? Yo generalmente no pienso las cosas, simplemente las hago. Veo las plantas y las piso, veo la madera y la quemo, veo a mi madre y le grito, veo mis libros y los tiro, veo mi lápiz y me rayo la cara. ¿Y por qué tengo tantas cosas que me hacen más difícil vivir la vida de manera más espontánea, sin pensar? Siempre me gustó vivir la vida de manera simple, sin tener que tomar decisiones importantes, y siempre me gustó vivir disfrutando solamente los pequeños momentos, las alegrías pasajeras, y por supuesto sin retenerlas en el recuerdo, sólo vivirlas en el momento, al igual que el jazz. Nadie se acuerda de una melodía de jazz, sólo la disfruta en el momento; al igual que un beso, nadie se acuerda cómo es, pero aún así la gente cree recordar cosas que nunca va a volver a saber cómo son, a menos que la espontaneidad se las traiga en una bandada de pájaros y cada uno agarre la que más le guste.
Se preguntarán cómo soy capaz de escribir cosas tan coherentes si en mis acciones parezco cualquier imbécil, ni yo mismo lo sé, quizás este nuevo ambiente me tiene encadenado en la profundidad de la reflexión, de los libros, de las analogías, de la naturaleza, del pensar. Quizás me da miedo mostrarme como no soy, frente a la antigua opulencia natural, frente a una verdad tan concreta como es la naturaleza del bosque y del lago. Quizás ahora que no estoy sometido a la verdadera sociedad cotidiana, puedo pensar, puedo meditar las cosas y puedo escribir. No sé, algún hechizo debe tener este hermoso lago, quizás la lluvia (que a estas alturas del año es desconocida para mí), quizás el frío ha permitido que mis neuronas tiriten y funcionen. Por eso me gusta más el frío, porque le permite a uno estar más activo, con ganas de correr, con ganas de abrigarse, de taparse, de tiritar de nerviosismo.
¿Por qué puedo ser como en verdad soy, en un ambiente donde todo lo que yo rechazo se apodera de cada rincón de mi mirada?, ¿Acaso mi mente se amansa y se relaja frente a tantos enemigos?, ¿O acaso estoy viendo el verdadero sentimiento de profundidad que nunca pude observar en mi vida? Puede ser que la soledad, que los recuerdos (que ahora se les ocurre acompañarme), han permitido que me dé cuenta que mi vida ha estado llena de felicidad, y me han hecho pensar solamente en hechos reconfortantes, porque cuando los he vivido, no pensaba que saldrían mal o que me traerían problemas.
Ahora siento alegría con sólo ver un pequeño ternero revolcándose en el pasto, ahora lloro de felicidad sólo con ver nubes que riegan el gran y majestuoso lago, que da vida, que da sustento, albergue, frío y calidez.
Ahora es la naturaleza la que moldea mi ser, un ser más puro. Ahora es la música la que me marca el sendero y un sueño más dulce y rítmico. Basta de ruidos, de murmullos, de desconfianza, de extrañeza, de guerra, de aire contaminado.
Ahora que vivo alrededor de plantas, de árboles, de madera; ahora que leo mis libros, ahora que escribo, ahora que convivo en paz con mi familia, me doy cuenta que la vida no es una espontaneidad. No hay que tenerle miedo al pensar, no hay que temer de la reflexión, simplemente tienes que vivir dándote cuenta que vives.